domingo, 26 de diciembre de 2010

Espejo

Tenía tiempo, demasiado, que no decidía poner un reflejo y un párrafo entero para revelar el nombre verdadero de alguien. A los ojos de la multitud, un cúmulo de letras y frases más en el laberinto en el que hago se pierdan, pero a los ojos del espectador que lee justo ahora, tiene su razón y su motivo.

No quiero una foto tuya con esa cara de príncipe ajustado y triste, no quiero seas de la colección interminable que me dedico a realizar para vagar sin rumbo. No eres parte de mi pasado ni `sustituto` de alguien. Tampoco te conozco del todo para colocarte una cruz de penitencia ni un beso mortuorio y decidir que estas difunto.

Justo ahora es el preámbulo al cataclismo que tendremos. La historia previa a la muerte y el caos, donde la tranquilidad viciosa de nuestras velas, arrastrando el pasado marcado en cada letra en ellas, gotea poco a poco medio iluminando el camino perdido en el que sin saberlo, te encontré y me encontraste.

No he podido terminar ese café de aquel día, mucho menos he podido volverme a sentar en ese lugar donde bebimos (tú allá y yo acá...) te mientras el sombrerero loco engatusaba al gato sonriente, diciéndole que esas galletas de chocolate tenían alguna poción de olvido que, inevitablemente ambos tendríamos mutuamente de esa tarde, en que pedimos té para 2.

Nunca te pregunté si te gustaba tu nombre. A mí me gusta... quizá por la "O" que cierra y me recuerda, alguna marca en el calendario donde sepulto el recuerdo de alguien tachándolo en su ausencia.

Pero hoy, ¿estás aquí no es así?

Cuando menos pensaba llegarías, siendo quien menos pensaba seria. Letras cobrando vida en la noche mientras la gárgola del edificio extendía sus alas para asomarse a ese vitral de donde te fascinabas de los colores, esos colores tan ausentes en mi vida…




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