Escribo ahora cada palabra que la vocecita interior plantea decir pero decide callar. Tú que lees de lejos estas líneas, yo que camino debajo del puente para sentarme escuchando la lluvia.
Las ansias me devoran, día con día, como tener el corazón inerte pateado por las angustias interminables de esperar que digas SI a un beso que nunca te he pedido.
Aposte mi vida entera a que no podría llevarte a cuestas tanto tiempo, pero mi otro yo se fuma un cigarro Camel en la mitad de la nada que me dedicaba en canciones enviadas en datos.
Mentira era, como esa sensación que tuve, cuando dormí la noche entera al lado de quien menos esperaba. Y, despertar, junto a él mientras, la ciudad del ensanche se perdía en crónicas desde su cama. Y luego de verme dormida, la parte de siempre, del sonido del despertador que decía que había de nuevo que perderse en la muchedumbre para ser, para NO ser, nosotros....

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